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“Momo”: ¿Puede un juego inducir al suicidio?


Inducción al suicidio en las redes sociales

Un nuevo juego mediático preocupa a madres, padres y docentes por la posible inducción al suicidio en adolescentes.

El formato no es del todo nuevo, ya el año pasado se viralizó un juego llamado “La Ballena Azul”, que según se dijo influyó para que muchos adolescentes tuvieran intentos de suicidio o se suicidaran en todo el mundo.

Esta vez, el juego perverso se llama “Momo”, se identifica con el rostro aterrador de una mujer de ojos saltones y ya se viralizó en Facebook y WhatsApp.

Todo esto, además de preocuparnos, nos lleva a formularnos algunas preguntas: ¿Están fundadas nuestras preocupaciones? ¿Puede un juego virtual inducir a un adolescente al suicidio? Y, en todo caso, ¿que precauciones deberíamos tomar?

Para la primera pregunta la pregunta es casi obvia. El suicidio es la segunda causa de muerte entre adolescentes y su incidencia aumentó en este grupo etario en los últimos años. Por supuesto, esta situación debería preocuparnos y ocuparnos. Por otra parte, sabemos que las redes sociales llegaron para quedarse y ya hemos visto que no es posible frenar este tipo de mensajes perversos. Pero, ¿realmente son tan peligrosos?

Lo que podemos saber desde las asociaciones de prevención del suicidio, por nuestra experiencia de hablar diariamente con adolescentes con ideaciones suicidas, es que no son los hechos puntuales los que provocan esas ideas, por el contrario, estos chicos y chicas nos cuentan prolongadas historias de sufrimiento en las que casi siempre existen conflictos o incomunicación familiar o acoso escolar entre otros factores de riesgo. La ideación suicida es un proceso que va socavando la personalidad de estos jóvenes hasta volverlos sumamente vulnerables. En esta situación de vulnerabilidad, uno de estos juegos perversos, como también cualquier otro incidente incluso menor, puede representar un riesgo de conducta suicida.

Es natural que queramos alejar a nuestros hijos y alumnos de toda amenaza, pero debemos saber que eso no es posible, y que es mucho más útil desde la prevención fortalecerlos y guiarlos para que aprendan a enfrentar las amenazas sin que estas impliquen un riesgo real. Para ello debemos aprender nosotros a escucharlos y promover un ambiente de mutua confianza y diálogo sincero. Debemos ser nosotros parte de su red de contención primaria y enseñarles a generar vínculos sanos para que ellos mismos vayan ampliando sus redes de contención. Y por último debemos enseñarles que pedir ayuda no es debilidad sino sabiduría. Las mentes perversas seguirán inventando todo tipo de amenazas, pero si nuestros hijos y alumnos cuentan con estas herramientas, seguramente estarán mejor preparados para enfrentarlas.

 

Ver también:

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.


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