Suicidio y enfermedades neurológicas


El suicidio, el pensamiento suicida y las fantasías de muerte no son enfermedades. Así lo expresa claramente al Organización Mundial de la Salud. Sin embargo, diversos estudios, incluyendo una investigación danesa que evaluó casos durante 37 años, demuestran que las enfermedades mentales, y en particular las de origen neurológico, aumentan significativamente el riesgo de suicidio llegando a duplicar las tasas de mortalidad específica para esta población.

Recientemente, el diario El País de Madrid nos recordó el caso del actor Robin Williams a raíz de nuevas revelaciones de su autopsia. Robin fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson meses antes de su muerte a causa de suicidio. Lo que la autopsia reveló fue que desde mucho tiempo antes padecía demencia por cuerpos de Lewy. Este último dato permite comprender más claramente su situación. Seguramente los últimos años de Robin transcurrieron en medio de una profunda confusión y angustia por no saber qué estaba pasando dentro de su cabeza. Su viuda, Susan Schneider, ahora entiende a que se refería el actor cuando decía “solo tengo que reiniciar mi cerebro”. Esto lo llevó al insomnio, la paranoia, la depresión, y finalmente la claudicación en su lucha por comprender la realidad.

No pretendemos aquí justificar una conducta suicida ni mucho menos juzgar las acciones de un hombre cuya situación real apenas podemos imaginar. Las preguntas que nos deberíamos hacer desde la prevención, no para el caso de Robin pero sí para otros similares, es si la historia pudo haber tenido otro final y qué se puede hacer para cuidar a los pacientes neurológicos graves.

La primera respuesta es sí, estas historias pueden tener un final distinto y lo tienen en la gran mayoría de los casos. La enfermedad neurológica es un factor de riesgo de la conducta suicida, de esto no hay duda, pero sería un error establecer una relación causal entre ambos fenómenos. De acuerdo con el estudio danes, solo uno de cada ciento cincuenta pacientes con trastornos de origen neurológico muere a causa de suicidio.

La segunda cuestión es más compleja. El mismo estudio nos dice que harán falta investigaciones adicionales para saber que acciones serían más efectivas para reducir los índices de suicidio de las diferentes enfermedades neurológicas. Aún así, nada indica que las mismas pautas que se siguen para el resto de la población no sean útiles también para estos pacientes. Viktor Frankl, sostiene que la voluntad de sentido es una condición del ser, más allá de sus circunstancias, y nos dice que “El hombre está dispuesto a sufrir a condición de que el sufrimiento tenga sentido”. Esto nos invita a una examen más profundo. Dejar de mirar al enfermo neurológico para poder ver a la persona real que sufre una enfermedad neurológica y que además está inmerso en el resto de sus circunstancias de vida. Ver a ese ser humano que, como todos nosotros necesita encontrarle un sentido a su existencia es la clave para poder ayudar.

Como en cualquier enfermedad, el tratamiento específico siempre es importante para reducir los síntomas, pero también lo es la atención de las necesidades básicas que todos tenemos: proyectos, ocupaciones, respeto, afecto y un entorno familiar y social estable entre otras. Y es en estos aspectos en que la prevención del suicidio en pacientes neurológicos va mucho más allá de la responsabilidad de los profesionales tratantes.

Las personas que sufren trastornos neurológicos siguen siendo, en última instancia, responsables de sus propias vidas, pero todos nosotros, como comunidad o como familia, debemos brindarles las condiciones necesarias para que, más allá de su enfermedad, sigan teniendo la oportunidad de encontrar en cada día la cuota necesaria de sentido.

El suicidio es un problema social. Tal vez en las personas con enfermedades graves es donde esto resulta más notorio. Las tasas de suicidio en personas con trastornos neurológicos nos hablan de la complejidad de estas enfermedades, pero también de nuestra mucha o poca solidaridad, compromiso y capacidad como sociedad para brindarle contención e inclusión a las personas que sufren tales circunstancias de vida.

Su usted, o algún familiar o amigo suyo está sufriendo circunstancias similares a las descriptas en esta nota y siente que necesita hablar de ello no dude en llamar a nuestra Línea de Asistencia al Suicida.

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.

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Línea de prevención del suicidio: tel:135 (línea gratuita)

(011)5275-1135 desde todo el país

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