El suicidio y las representaciones sociales del hombre y la mujer

Actualizado: ene 25


En todo el mundo las tasas de suicidio masculinas son más altas que las femeninas. En promedio por cada mujer que muere a causa de suicidio lo hacen al menos dos hombres. Se ha argumentado que esto podría deberse a cuestiones biológicas. El hombre, que por naturaleza está preparado para la caza y la defensa es más impulsivo y más efectivo en sus acciones violentas; esto, en algunos aspectos aún puede ser ventajoso, pero representa un riesgo adicional en el manejo de los pensamientos suicidas. En cambio la mujer está naturalmente preparada para la crianza y el sostén de la cohesión familiar, posee mejores habilidades de comunicación, especialmente en el terreno emocional, por lo que le resulta más fácil pedir ayuda y obtiene así una protección adicional.


Sin embargo, estos argumentos no alcanzan para explicar las amplias variaciones en las proporciones de suicidios masculinos y femeninos en diferentes países que van desde 5 a 1 en países del este europeo hasta 1 a 1 en algunos países de cultura islámica. Estas variaciones solo pueden deberse a factores culturales, es decir, a las diferentes representaciones sociales de los roles masculino y femenino en cada cultura.


Tal vez el ejemplo más ilustrativo de la influencia de la cultura en la proporción de suicidios masculinos y femeninos es China. Este país representaba una paradoja frente a la tendencia mundial de mayores suicidios masculinos porque registraba más muertes por suicidio femeninas que masculinas. Sin embargo, en las últimas décadas, China experimento un fuerte crecimiento económico que derivó en una mayor apertura cultural y la proporción se invirtió desde 1998 aproximándose en la actualidad al promedio mundial. En el proceso la tasa de suicidio bajó en ambos sexos quedando por debajo de la media. El ejemplo de China nos muestra no solo que la cultura incide en las tasas de suicidio sino también que las pautas culturales que implican riesgo de suicidio se pueden cambiar logrando beneficios mensurables.

Las representaciones sociales del hombre y la mujer a las que nos referimos son, básicamente, la manera en que se valora a las personas de cada sexo y que se espera de ellas en un determinado medio social, y son importantes porque la representación social siempre es, de algún modo, internalizada por el sujeto. Por ejemplo, si en un país las mujeres son despreciadas y se les exige que cumplan determinadas prácticas o condiciones difíciles o inalcanzables, muchas mujeres en ese medio tendrán una baja autoestima y una sensación de fracaso personal por no llegar a cumplir los mandatos sociales; lo mismo les ocurriría a los hombres si los desvalorizados o exigidos fueran ellos. Los datos muestran que estas situaciones afectan los índices de suicidio de uno u otro sexo.


En muchos países de cultura islámica como Marruecos, Qatar o Bangladesh, las prácticas religiosas son muy asimétricas para hombres y mujeres. El sexo femenino es desvalorizado y les imponen exigencias de obediencia y sumisión desmesuradas. En algunos países del sur de Asia la negación de los derechos femeninos llega a tal punto que la sociedad permite la existencia de gigantescos prostíbulos donde mujeres y niñas son sometidas a la esclavitud sexual. Es imposible que estas situaciones no generen en muchas mujeres una merma en su aprecio personal y el sentimiento de que la vida es una empresa difícil. Estadísticamente vemos que llegan a duplicar la proporción de suicidios femeninos equiparándolos con los masculinos.

En países con cultura occidental y cristiana, la mujer ha ido ganando espacio en la sociedad y hoy recibe un trato y una valoración relativamente más equitativa. Sin embargo, en algunos de estos países, especialmente en los de Europa del este, pero también en otros como Estados Unidos, Australia y Argentina, la exigencia que se pone sobre el hombre en su rol de proveedor, o simplemente como portador de atributos que la cultura le asigna como fuerza, coraje o determinación, es tan fuerte que el fracaso económico o el desprecio social por no cumplir con el modelo impuesto puede llevar a muchos hombres a ver socavada su autoestima. En estos países el suicidio masculino puede llegar a triplicar el promedio mundial.


En todos los países y regiones mencionadas, la disparidad entre suicidios masculinos y femeninos es acompañada por índices de suicidio mayores a la media mundial; es decir, los mayores índices de suicidio en un sexo no se compensan en el otro sino que solo suman más muertes. También es importante aclarar que todas las conclusiones que aquí se presentan tienen validez solo a nivel estadístico, es decir, para las poblaciones mencionadas. A nivel individual las realidades pueden ser muy diferentes, de hecho, la gran mayoría de los hombres y mujeres sometidos a presiones sociales no se suicidan, por lo que no es correcto señalar la presión del medio social como la “causa” de un suicidio. Sí como factor de riesgo de la conducta suicida.

Desde el punto de vista de la prevención es importante observar estas desproporciones entre suicidios masculinos y femeninos para saber qué aspectos de la cultura de un país es necesario modificar. Sin embargo, las representaciones sociales de ambos sexos deberían revisarse. En general, la belleza y la delgadez son puestas como metas para las mujeres y el logro de un estatus económico y social para los hombres (puede verse en el gráfico como la crisis económica que vivió nuestro país entre 1994 y 2004 incidió mucho más en las tasas de suicidio masculinas que en las femeninas). Pero estos son solo ejemplos, hay cientos de condicionamientos y mandatos para ambos sexos que deberíamos cuestionarnos.


Tomando como contraejemplo lo que sucede en otras latitudes donde la cultura es aún más rígida y exigente con alguno o ambos sexos y sabiendo como esto eleva los índices de suicidio en esos países, deberíamos promover una cultura más inclusiva donde se respeten a las personas por su sola condición de ser humano sin discriminar por sexo, religión, aspecto físico o estatus socioeconómico. Una sociedad libre y diversa (en la que cada persona pueda mostrarse como es o como se siente, sin miedo a ser cuestionada o despreciada) brindará, seguramente, una mejor protección contra el flagelo del suicidio. Eso es lo que intentamos promover desde nuestra Línea de Asistencia al Suicida.



Fuente: https://ourworldindata.org/suicide

https://datos.bancomundial.org/indicador/SH.STA.SUIC.P5Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.


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Colaboran con el Centro de Asistencia al Suicida:

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Línea de prevención del suicidio: tel:135 (línea gratuita)

(011)5275-1135 desde todo el país

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