Una historia sobre el sentido de la vida, el universo y todo lo demás


Guía del autoestopista galáctico



Este año, a 42 de su estreno, la emblemática comedia de Douglas Adams, Guía del autoestopista galáctico volverá a la pantalla en formato de serie de la mano de Disney.


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En la obra, una raza de seres pandimensionales obsesionados por entender el sentido de la vida le encargan a una supercomputadora que resuelva el problema. La respuesta que después de millones de años de cálculo da la maquina es "42". No se preocupe si no la entiende. Los seres pandimensionales tampoco.


Como sea, el sentido de la vida, tal vez el mayor de todos los misterios, fue desde siempre tema de interés para poetas, filósofos y científicos. En cambio, la mayoría de las personas no vivimos tan preocupados por entender nuestra propia existencia como los seres que imaginó Douglas. La vida tiene un sentido evidente para nosotros, aunque no sepamos explicarlo con palabras, lo sentimos casi todo el tiempo. Como la certeza incuestionable de que es bueno estar vivo.


Sin embargo, puede suceder que una desgracia, una enfermedad, una injusticia, una situación difícil que se prolonga en el tiempo o simplemente el hastío nos lleve a preguntarnos por el sentido de la vida. Llegado a este punto, la búsqueda de sentido deja de ser recurso literario, un juego filosófico o una inquietud científica para convertirse en una cuestión de cuidado personal.

Cuando el sufrimiento, en cualquiera de sus formas, nos empuja a preguntarnos por el sentido de la vida, la pregunta que nos estamos haciendo en realidad es otra: "¿para qué seguir viviendo así?", y encontrar una respuesta urge porque lo que sigue es el pensamiento suicida.

La respuesta que buscamos no es un enunciado que se puede expresar con palabras. Las palabras ayudan, no cabe duda, pero tan solo decir: "Tenés que vivir por esto o por aquello" puede resultar tan incomprensible como lo fue la respuesta numérica a la que arribó la supercomputadora que imaginó Douglas. Se trata es de otra cosa: A la persona que, empujada por el sufrimiento, comienza a preguntarse por el sentido de su vida le urge volver a sentir que, a pesar de todo, es bueno que este viva. Una persona en tales condiciones se encuentra perdida y necesita ser orientada; que alguien la tome de la mano y la acompañe para regresar al camino. Y ese alguien somos nosotros, todos nosotros. Es nuestra tarea. Si no nos cuidamos unos a otros, ¿por qué otro motivo viviríamos en comunidad?


Viktor Frankl, tal vez la persona que más claramente escribió sobre la búsqueda de sentido, utiliza una metáfora muy ilustrativa para referirse a esta tarea de orientar a otros en el reencuentro del sentido de sus vidas. Nos habla de "Tejer esas tenues hebras de vidas rotas"; pueden ser los hijos, el trabajo, una habilidad o unos pocos recuerdos de un tiempo mejor. Siempre hay algo que nos ata a la vida, aunque en momentos de desesperanza esos hilos pueden parecer demasiado tenues o demasiado débiles. No se trata de negar estos sentimientos, por el contrario, para acompañar al otro es necesario reconocer y aceptar el lugar en que se encuentra, pero al mismo tiempo y con paciencia recoger juntos esos hilos sueltos que tejidos en un todo podrían conformar esa red sólida de confianza que todos necesitamos.


La obra de Douglas Adams nos muestra un universo incoherente y por momentos desquiciado, pero poblado de seres sensibles capaces de otorgarle sentido. Es una alegoría en sí misma: Arthur Dent fue rescatado, es cierto, pero quienes lo rescataron de algún modo profundizaron la significación de sus propias vidas. Nos habla de la amistad más improbable y de la búsqueda de sentido como una tarea colectiva en la que el otro siempre es parte fundamental.


El camino de regreso a esa zona segura en que la vida cobra sentido y merece ser vivida puede ser largo y dificultoso. Pero todo camino comienza con un primer paso; y para volver a conectarse con el mundo es necesario primero conectarse con otro. El mundo comienza a tener sentido cuando descubrimos que somos importantes para alguien más, y que ese alguien nos escucha y le preocupan nuestros problemas. Es un momento mágico de redescubrimiento tanto para el que escucha como para quien se siente escuchado. El primer paso en un largo camino, no hay duda, pero de un camino que conduce a devolverle el sentido al universo.

Las opiniones vertidas en estas notas no necesariamente reflejan posturas oficiales del Centro de Asistencia al Suicida y se publican bajo exclusiva responsabilidad de sus autores.

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